A la hora de decantarse por una u otra opción, es conveniente encontrar el equilibrio entre la prudencia y la decisión. De esta manera, nos resultará más fácil saber exactamente lo que más nos conviene.
Las decisiones tienen el poder de hacer realidad nuestras aspiraciones. Si, por miedo a equivocarnos, no nos atrevemos a tomarlas, nuestra vida irá a la deriva, siguiendo unos cauces que, en ninguna manera, corresponderán a los que hubiéramos deseado. Tampoco es conveniente hacer todo lo contrario, es decir, actuar de forma impulsiva, ya que esta “huida hacia delante” refleja, en el fondo, un miedo inconsciente y profundo a enfrentarse a la realidad.
Hay una serie de normas que te pueden ayudar a superar las dudas que asaltan antes de tomar una decisión importante:
Considera los pros y los contras. Para valorar las consecuencias que puede tener una decisión concreta, confecciona dos listas. En la primera, apuntarás las ventajas que te aportarán esta decisión y, en la segunda, los inconvenientes. ¿Cuál de las dos listas es más larga? Si las ventajas superan los inconvenientes, la decisión está clara. Si sucede lo contrario, busca otras opciones.
Visualízate en la nueva situación. Trata de imaginar cómo sería tu vida si tomaras una decisión determinada y presta atención a cómo te sientes. Si el “feeling” es positivo, adelante.
Asesórate. Cuanto más información tengas sobre el tema, más seguras serán tus decisiones.
Tómate tu tiempo, pero no te excedas. Y es que prorrogar indefinidamente una decisión es lo mismo que no tomarla.
Haz caso a tu intuición. A la hora de decidirse, no siempre hay que elegir la opción más lógica. En ocasiones es mejor dejarse guiar por las sensaciones y escuchar a tu corazón.
Controla tu miedo. Ser prudentes nos ayuda a actuar con cautela y seguridad pero, cuando la prudencia es excesiva, hasta el punto de paralizarnos a la hora de tomar cualquier decisión, se convierte en miedo, por lo que conviene controlarla.
DECÍDETE EN 7 PASOS
A la hora de tomar una decisión importante, estas estrategias te ayudarán a simplificar el trabajo:
Define la situación. Se trata de tomar contacto con el problema y concretarlo. (Por ejemplo: “¿Es buen momento para cambiarme de piso?”)
Establece un plan. Organiza las cuestiones que te ayudarán a tomar la decisión. (En el ejemplo anterior, consistirá en hacer cuentas y ver si es posible realizar o no el proyecto).
Analiza la cuestión. Intenta hacerlo de forma objetiva, con toda la información que tengas a tu alcance. (Siguiendo con el ejemplo, sería interesante realizar un estudio de mercado inmobiliario de la zona donde vives).
Estudia las alternativas. A continuación, puedes analizar todas las posibilidades que hay sobre el tema (Por ejemplo: vender el piso actual para comprar otro, pedir una hipoteca al banco, esperar un tiempo para ahorrar un poco más, etc.).
Elige por eliminación. Para simplificar el proceso, empieza descartando las posibilidades que no te convencen para quedarte con las más viables.
Valora las consecuencias. Cuando te hayas quedado con una o dos alternativas, trata de imaginar qué consecuencias tendrá cada una de ellas (Por ejemplo: “Si me vendo el piso, no tendré que pagar tanto al mes y podré vivir más tranquilo/a, etc.”).
Toma una decisión. Ya tienes tu disposición todos los datos que necesitas. Tan sólo te queda respirar hondo ¡y decidirte!.
SABIAS QUÉ…
La “decidofobia” existe!. Se trata del miedo a tomar decisiones. Quien la padece suele recurrir a la astrología, al tarot u otros medios mágicos para decantarse por una u otra opción.
Mejor en ayunas. Las decisiones hay que tomarlas con el estómago vacío, ya que el nivel de glucosa debe permanecer estable para estar alerta.
Cuanto menos opciones, mejor. Las personas suelen estar más satisfechas con las decisiones que toman cuando tienen que elegir entre pocas alternativas que cuando tienen que hacerlo entre muchas, ya que, en este último caso, lamentan más no haber elegido las opciones eliminadas.